EL FARO: LA INCERTIDUMBRE DE LO IRREAL
Antes que todo, para comenzar debo advertir que
este review contiene un poco de spoiler, pero a la vez no es spoiler; el hecho
de analizar algunos aspectos y teorías sobre esta película se hace necesario
para su mejor comprensión, y esto no va en desmedro del visionado de la misma y
en su disfrute, independiente que se conozcan algunas escenas o sucesos con
anterioridad; la narración y atmósfera que se manifiestan en la cinta son lo
principal, y ningún review ni crítica podrá menoscabar eso.
Ambientada a finales del 1800, El Faro muestra la historia de dos fareros, Thomas Wake
y Ephraim Winslow, que deben pasar cerca de un mes en una isla para mantener
las instalaciones y funcionamiento del faro ubicado en el lugar.
Filmada en blanco y negro y con una relación de aspecto que remite al cine
antiguo, Robert Eggers y compañía demuestran que una vez más pueden crear algo
fuera de lo común y ser un gran aporte en el género del terror, como ya lo
hicieron en el año 2015 con The Witch, película que forma parte de
una nueva oleada de terror estadounidense, junto a Hereditary (2018), Us (2017),
o Midsommar (2019), cintas que a mi
juicio son referentes de estos últimos años en este estilo del pavor.
La obra dirigida por Robert Eggers bebe directamente de la estética y
literatura del escritor bostoniano Edgar Allan Poe (1809-1849), aunque guarda
cierta connotación con la obra de H.P. Lovecraft, y por ser connotación esto no
se hace tan evidente en el largometraje. Por el contrario, aquella sensación de
opresión, de soledad, de antigüedad, de carga depresiva, de incomprensión, de
demencia, propia de la literatura del bostoniano, se hace presente a lo largo
de toda la historia. La negrura, la iluminación, la lejanía con la
civilización, las escenas de corte críptico, las personalidades hurañas de los
personajes centrales, el faro mismo…, todo remite a la esencia, atmósfera y
mitología que Poe impregnó a su obra por allá por el siglo XIX, mismo siglo en
que está ambientada la historia. El aspecto psicológico y demencial que se
aprecia es propio de cuentos como El Gato Negro, El Corazón
Delator, El Barril de Amontillado, o mi favorito, La
Máscara de la Muerte Roja. Los cuentos
Manuscrito Hallado en una
Botella y Un Descenso al Maelström se hacen
presentes con su ambientación marinera y de relatos en altamar. Sin lugar a
dudas Poe fue una fuerte influencia para que Robert y Max Eggers escribieran el
guión.
Pero para ser específicos, fue el cuento inconcluso El Faro el
que se constituyó en la fuente directa de inspiración para el guión de esta
película. Poe dejó sin terminar este cuento. De hecho, el relato ni siquiera
tenía nombre; sus biógrafos le dieron el título no oficial que conocemos ahora.
ASPECTO TÉCNICO
Lo primero que llama la atención es su relación de aspecto. En palabras
simples, la relación de aspecto (aspect ratio en inglés) es la
proporción que hay entre el ancho y el alto de una imagen; por lo general, la
imagen en el cine es más ancha que alta. En los inicios de la industria
cinematográfica, la aspect ratio era más cercana a la forma
cuadrada, pero esto fue evolucionando hasta llegar al día de hoy.
Cuando reparé en la relación de aspecto poco usual, pensé que la película venía
mala, así que me dispuse a buscarla desde otras fuentes. Mayúscula fue mi
sorpresa cuando descubrí que en todos lados la película venía igual: un
widescreen no horizontal, sino que vertical, lo que en un principio pensé que
esto podría ser desagradable durante todo lo que dura la cinta. Pero eso no
ocurre; al estar sumergido en la atmósfera oscura y antigua de la historia,
esta clásica relación de aspecto, cercana a la forma cuadrada, no influye de
manera negativa. Es más, según sus propios realizadores, junto con mostrar una
estética antigua, la intención era dar una sensación de opresión en el relato,
una forma de decir que los personajes y todos los acontecimientos que ocurren
están supeditados a un angosto espacio del que no pueden escapar, y en el cual
difícilmente pueden moverse con soltura y comodidad, lo que exacerba la
angustia tanto de los protagonistas como del espectador. Aun más, me atrevería
a decir que este curioso widescreen vertical hace alusión de una manera
bastante abstracta y rebuscada a un faro, aquel ídolo monolítico, centro de
esta historia, alto y angosto, que es objeto de pesadilla, control y deseo por
parte de los personajes, fin último de aquéllos que se enfrentan para obtener
eso tan preciado que les dará felicidad y goce en medio de tanta angustia y
opresión: la cima del faro y su contenido.
Otro punto que me llamó mucho la atención fue su extendido primer acto. Pero
para que esto se entienda mejor, hablemos brevemente de la Estructura de los
Actos en una película, o el Paradigma como lo llamó Syd Field. El Primer Acto
se refiere al fragmento desde que inicia la historia hasta que sucede un hecho
o acontecimiento que obliga a los personajes principales a embarcarse en una
aventura de la cual saldrán mejores personas (o peores) de las que eran en un
principio, el Planteamiento; en general dura alrededor de 30
minutos. El Segundo Acto hace mención a toda la aventura en sí, el desarrollo
de la historia, la Confrontación, que frecuentemente es más largo
(cerca de 60 min). Llega un momento en que el o los protagonistas tienen que
tomar una decisión crucial que marcará un giro definitivo en toda la historia.
Éste es el punto de inflexión que dará inicio al Tercer y último Acto (cerca de
30 min. o menos), la Resolución, la recta final que definirá si se
obtendrá la victoria o no.
Aclarado este punto, paso a lo siguiente que me llamó la atención: su extendido
primer acto cercano a los 50 minutos. Se puede pensar que es demasiado largo,
que le quita tiempo a lo esencial de la película. Todo lo contrario; en este
larguísimo primer acto es donde se desarrolla la base de la historia, lo
oscuro, lo angustiante, aquello que oprime. Los personajes se desenvuelven en
una dinámica de enfrentamiento que termina dirigiéndose hacia un paroxismo de
frenesí en los dos siguientes actos. La lentitud con la que ocurren desde un
principio los hechos, da para sumergirse en la atmósfera psicológica de una
manera contundente, a pesar de que a primera vista no se entienda mucho del
mensaje simbólico que los realizadores quieren dar.
ALGUNOS PUNTOS
Me referiré brevemente a la relación de poder que hay entre Ephraim, el joven,
y Thomas, el viejo, ya que esta relación es la base de lo que ocurre en la
historia más que el tema terrorífico que se aprecia a simple vista.
Desde un principio Thomas demuestra su posición de poder frente al joven, no
sólo desde un punto de vista laboral, en cuanto a la jerarquía, sino también en
el trato hacia éste. El viejo constantemente se transforma: en un momento es
jefe autoritario y severo; en otro momento es un amigo buena onda que comparte
los más profundos secretos de su vida, y a la vez el joven se abre para contar
aspectos íntimos; luego el viejo se transforma en abusador que lo único que
desea es minimizar al joven en una muestra de dominación propia de alguien que
no ha conocido otro trato, o que no ha tenido otro tipo de relaciones en la
vida. Es curioso que en una de sus transformaciones el viejo se muestra de una
manera bastante inesperada, teniendo en cuenta que es un hombre de mar curtido
por los viajes y la experiencia que pueda dar una vida de lobo marino. Tal
transformación no es evidente a ojos del espectador, comienza como algo sutil
para, llegado cierto momento, evidenciarse de una forma clara y chocante que
deja muy poco espacio a interpretaciones. Estas transformaciones de Thomas
provocan una sensación de inestabilidad que va mermando el espíritu calmado de
Ephraim, y también del espectador.
La transformación e inestabilidad es una constante en el personaje de Thomas. A
veces es tosco, mal educado, insoportable, y otras veces se comporta de manera
amigable; pero en otras se comporta de manera ladina, manipuladora, siniestra y
terrorífica. Ésa es la peor de las transformaciones.
El viejo hace notar su poder sobre el joven; lo somete, lo persuade, lo utiliza,
le miente, lo lleva por el mal camino, juega con su mente, al igual que juega
con la del espectador. El deseo de Ephraim de querer hacer justicia por cuenta
propia para acabar con la sensación de impotencia por ser víctima de tamaño ser
despreciable, sale de la pantalla para crear el mismo deseo en el espectador
mediante el gran trabajo cinematográfico y narrativo de Robert Eggers y su
equipo; el concepto de poder abusivo queda bien plasmado.
En algún momento creí tener la idea de que después
de determinada escena, lo que se ve en pantalla no es nada más que la
imaginación de alguno de los personajes. Es bien sabido que ésa es una idea
impopular que desalienta a los espectadores de una película, y con justa razón.
¿Qué motivos tengo yo para perder mi tiempo viendo una película que me sugiere
la idea de que todo lo que ocurre en pantalla no es más que el producto de una
mente que se dedica a soñar, y que por desgracia puede que la gran mayoría de
todos aquellos puntos álgidos en la historia no sean más que falsedades? ¿Qué
interés tengo yo en ver una mentira que nunca ocurrió en la vida de los
personajes? ¿Por qué permitiría yo que se me insulte de esa manera como
espectador?
Recordé la escena clímax en la última película de la saga Crepúsculo (Amanecer,
Parte II), en donde desgraciadamente recurren a esta artimaña.
La impopularidad de un recurso narrativo de tan baja estofa es de público
consenso; que se haga presente y deje con los crespos hechos a muchas personas
que quieran disfrutar de una buena historia, es algo que no se tiene que tomar
a la ligera, si es que se pretende usar. Sobre todo si hablamos de los mismos
realizadores de The Witch, cinta que les dio tanto prestigio y que
los puso a la vanguardia de la anterior mencionada oleada de cine de terror,
que se agradece, y que dejó a muchas personas con ganas de querer ver más de
parte de Robert Eggers y compañia. O sea, hay mucho que perder.
Primero que todo recordemos que éste es una largometraje de lenguaje onírico,
algo así como un sueño. No completamente. Inicia desde un punto de vista real,
pero a medida que avanza la historia, ésta se va deformando y presenta escenas
que nada tienen que ver con la realidad. Mezcla lo real con lo imaginario. Y lo
imaginario va de la mano con lo abstracto, lo metafórico, lo pesadillesco, lo
terrorífico. Lo abominable.
A lo que me refiero es que aquello onírico y metafórico en muchas obras no es
algo que pueda ser considerado una falsedad impopular que atenta contra las
expectativas de la audiencia (a lo Crepúsculo), sino que es un
aspecto esencial de la historia, no para que se entienda (todo lo contrario,
más dudas deja), sino más bien para despertar en la gente la sensación de
angustia, miedo y abominación que es propia en este género literario y
cinematográfico, ya que para dar vida a este tipo de sensaciones se requiere
mucho más que mostrar simples monstruos, cadáveres, fantasmas o cadenas
chirriando en medio de la noche. La atmósfera es lo esencial en el terror;
aquello que envuelve a la audiencia despertando una sensación de pavor, y que
no se puede describir, no se sabe qué es, pero es algo amenazador; aquello que
no se ve, pero se sugiere, se presiente. Y lo onírico y pesadillesco, si se saben
usar, entonces el resultado obtenido se traduce en atmósfera de terror puro.
Sin lugar a dudas la música incidental a cargo del compositor Mark Korven es
parte fundamental para sumergirse en esta atmósfera. Digo música, pero para ser
específico son más bien sonidos, ruidos, rumores espeluznantes, un poco al
estilo dark ambient; algunos de estos sonidos sugieren provenir de
cuerdas vocales de creaturas acuáticas que yacen en los abismos más profundo
del océano: ballenas, cachalotes, plesiosaurios, calamares gigantes, o sirenas
mitológicas se escuchan en muchas de las escenas.
Otro aspecto a considerar es el hecho de que esta
historia está inspirada en la literatura de Edgar Allan Poe, y como ya saben
quienes hayan leído a este escritor del siglo XIX, la obra de este señor (en su
vertiente terrorífica) se centra principalmente en los miedos, angustias,
delirios y traumas de los personajes centrales de sus cuentos. La manera en
cómo en muchos de sus relatos plasma la visión angustiosa y paranoica en la
cual los protagonistas perciben las situaciones que les aquejan, es sublime. Y
angustiante. Mucho de la atmósfera y del terror que se manifiesta al momento de
la lectura, surge de la mente retorcida de los protagonistas, no tanto de las
cosas que suceden alrededor. El Faro recurre a esta forma de
terror psicológico para demostrar que el legado de Poe perdura hasta el día de
hoy, incluso en aquellas producciones destinadas a refrescar el panorama
cinematográfico, el que usualmente necesita nuevas ideas, o más bien ideas
mejoradas. Y bajo la influencia de Poe se mejoró una idea, un concepto.
La figura de la gaviota tuerta, otro personaje del film, recuerda a la figura
del felino en el cuento ya mencionado El Gato Negro, personaje cuya
falta de uno de sus ojos se relaciona con el lado más espantoso del narrador de
aquel relato. El concepto del ojo es recurrente en la cinta.
ALGUNAS INTERPRETACIONES
Mucho se ha especulado con respecto al significado
de esta película y su carácter críptico y misterioso; esta cualidad la hacer
estar abierta a distintas interpretaciones. Algunas de índole mitológica, otras
de tipo freudiana, etc.
Una teoría que se comenta por ahí con respecto a este largometraje es la
existencia de la posibilidad de que Thomas y Ephraim en realidad sean la misma
persona. Esta teoría no es descabellada, teniendo en cuenta el carácter
psicológico del argumento, el hecho de que los dos personajes principales
tengan ciertas similitudes, y también sabiendo que existen grandes historias en
donde el Trastorno de Identidad Disociativa es pieza fundamental de la obra.
Recuerdo películas como Psicosis (Alfred Hitchcock,
1960), Fight Club (1999), Identidad (2003), El
Maquinista (2004), Fragmentado (2016);
historias que exponen, de manera fantasiosa, el fenómeno de la doble
personalidad, o personalidad múltiple, y que tienen su origen en el
clásico El Extraño Caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde,
escrito en 1886 por Robert Louis Stevenson. Aunque también es necesario
recalcar que, tratándose del cine, en ocasiones es difícil distinguir si se
trata de un TID o de algún tipo de esquizofrenia, teniendo en cuenta que en la
gran pantalla se muestran los hechos reales y los imaginarios como si fuesen
uno solo, y se complica diferenciar entre uno u otro mal, dependiendo de la
complejidad del guión y de la visión del director.
Ahora, si se le puede aportar algo a esta teoría, sería esto: el joven podría
estar imaginando la figura o personalidad del viejo, producto de una situación
traumática que ocurrió en el pasado y que se narra a lo largo de la historia,
viendo a este ser como alguien despreciable, ruin; en contraposición del joven
y de lo que él es en la realidad. O todo lo contrario: es el viejo quien
imagina al joven, es el viejo quien sufre del trastorno que le hace ver e
interactuar con este joven tranquilo, sensato, trabajador, buena persona, que
sigue las normas, que cumple con las características que, a ojos del viejo, son
las propias de alguien al cual él aborrece; alguien con estas características
vendría a constituirse en un enemigo que se debe atacar, humillar, aplastar,
destruir. El joven vendría a representar todos los miedos del viejo, todos esos
miedos que dejan en evidencia la bajeza moral y espiritual del mismo; no por
nada el viejo teme y se asusta con la sombra del joven, la sombra junguiana que
refleja aquello que no queremos aceptar de nosotros y a lo cual tememos y
rechazamos. Thomas no soporta la presencia de Ephraim, la presencia del bien y
de lo que es correcto; necesita acabar con él y su categórico significado;
rebajarlo a un nivel en el que el viejo no sienta que Ephraim es un constante
insulto a su existencia.
Lo que me lleva a creer en otra teoría: ni el joven
imagina al viejo, ni el viejo imagina al joven. Ni ninguno tiene el poder sobre
el otro, teniendo en cuenta a Thomas como el abusador (un poder dictatorial y
establecido), o tomando a Ephraim como aquél que le quita espacio y territorio
al viejo, y que se constituye como alguien moralmente superior (un nuevo poder
que viene a reformarlo todo). No, nada de eso. Porque quien tiene el verdadero
poder en esta historia no es ni más ni menos que el Faro mismo, el Faro que
durante todo el largometraje está presente en forma física, psicológica,
atmosférica y metafísica; el Faro, que cuenta con vida, personalidad y
protagonismo; el Faro es quien tiene el poder de jugar con las mentes de los
personajes y crear extrañas realidades; el Faro que viene siendo el objeto de
deseo de los personajes centrales, el trofeo por el cual compiten y que
necesitan ganar a toda costa; el Faro, ya que es él quien decide a qué persona
le entrega sus secretos y a quién no; el Faro es el motivo de por qué los
protagonistas se convierten en monstruos.
El Faro es el causante del conflicto principal, es el problema y a la vez la
solución misma. El Faro es el amo y señor de toda la existencia y eternidad. El
Alfa y el Omega.
Notable es el sonido de la sirena proveniente de
esta estructura monolítica, sonido que se escucha de vez en cuando y recuerda
el sonido de un monstruo o dios primigenio, cual Cthulhu o Leviatán,
legendarias entidades marinas que emergen desde los abismos para mostrar su
existencia y dominio en el mundo de los hombres y los mares.
Lo anterior me trae a la memoria sonidos similares que se usaron en otras
producciones, como el rugido bestial y repetitivo que se escucha en el
tema Black Star del artista británico de dark ambient Lustmord
(tema de 15 minutos recomendable para quien quiera sentir una buena dosis de pavor);
o el sonido agudo de una extraña y alienígena sirena de un planeta lejano que
se escucha en el tráiler de Alien (1979) y que sugiere la
presencia de algún dios extraterrestre que con sus gritos y lamentos intenta
advertir a la humanidad sobre el peligro que yace oculto delante, cual faro que
con su luz y sonido alerta a los buques espaciales para que éstos no encallen
en las rocas de un planeta olvidado, desconocido y hostil.
CONCLUSIÓN
Esta película es recomendable para aquellas personas que no buscan la clásica
historia de terror que apunta a llenar salas y tener record de taquillas, con
situaciones sensacionales y extremas (ojo, estos requisitos no quitan calidad a
una producción, basta ver The Conjuring o A Quiet
Place; buenas películas), ya que esta historia invita a profundizar en su
significado y en la psique del ser humano, más que basarse en los clásicos
argumentos terroríficos, o más que aquéllas que abusan del recurso del jumpscare,
demostrando el poco o nulo talento de sus realizadores. Esta historia, al igual
que los cuentos góticos de Poe, se sumerge en la mente laberíntica de sus
personajes, mostrando una faceta oculta del ser humano, difícil de comprender,
pero que es clara en su intención con el espectador: sumergirlo en una atmósfera
agobiante, que no se entiende, pero se siente en su vertiente oscura,
terrorífica y angustiante. Un viaje a la locura misma. Una cinta para analizar
y temblar.
Ya finalizando y para que no se malinterprete, yo
no pienso que Crepúsculo haya sido una mala saga, para nada,
todo lo contrario; es bastante entretenida. Estaba destinada para un público
adolescente que busca más distracción y romanticismo en vez de una gran
profundidad argumentativa y narrativa. Me entretuvo bastante cuando la vi en su
época, su estética elegante funciona, su atmósfera romántica atrapa, su mensaje
provida es elogiable, pero debo admitir que en esa escena clímax quedé con los
crespos hechos, a pesar de que ese recurso haya tenido cierto peso
argumentativo en su guión. Algo a mencionar, pero que no tiene nada que ver con
todo esto, y que no puedo evitar dejarlo pasar, es que en esa última película, Amanecer,
hizo una pequeña actuación el actor y artista marcial Lateef Crowder, a quien
admiro mucho por sus múltiples actuaciones en cintas de peleas, por sus
acrobacias y por su especialización en el arte del Capoeira. Lo malo es que en Amanecer no
hizo gala de sus dotes marciales. Seguramente ningún vampiro, hombre lobo o
vulturi hubiera resistido alguna de sus patadas, una de las más potentes
registradas por los especialistas de las ciencias físicas.
Título: El Faro (The Lighthouse)
Año: 2019
Protagonistas: Willem Dafoe, Robert Pattinson
Guión: Robert Eggers, Max Eggers
Música: Mark Korven
Dirección : Robert Eggers
Tráiler de la producción :








